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Estreno de Las Cozas en el Teatro Carlo Felice

La vida está compuesta de momentos que se graban en nuestra memoria de manera indeleble, y algunos de esos momentos son tan significativos que se convierten en hitos inolvidables. Estas experiencias, junto con los lugares y las personas que las acompañan, forman parte esencial de nuestra identidad. En este artículo, rememoraré uno de esos instantes extraordinarios: el día en que se levantó el telón en el Teatro Carlo Felice, en Génova, tras el estreno mundial del Ballet Fuenteovejuna, un proyecto que requirió diez meses de arduo trabajo y dedicación.

El encuentro con una leyenda: Antonio Gades

Mi historia con Antonio Gades comenzó de manera casi mágica. Recibí una llamada de mi amigo y colega, Mauricio Sotelo, quien me invitó a conocer a Gades en su hogar madrileño. Era un domingo, y en ese momento estaba trabajando en uno de los cincuenta libros que había publicado con el título La gran música paso a paso, una obra que alcanzó traducciones a nueve idiomas y vendió más de diez millones de copias a nivel mundial. Sin embargo, esa no era mi prioridad, ya que la oportunidad de conocer a Antonio Gades era una invitación que no podía rechazar.

El genio del baile español, conocido por su innovadora fusión de flamenco y ballet, me había cautivado a través de las películas de Carlos Saura. Su interpretación de obras como Bodas de sangre, Amor brujo y Carmen había dejado una huella profunda en mi formación artística. Al llegar a su casa, me di cuenta de que estaba ante un ícono, y mi admiración por su trabajo se transformó en un deseo ferviente de colaborar con él.

La creación de Fuenteovejuna

Desde el primer encuentro, Gades compartió sus planes para la música de Fuenteovejuna, y yo me esforzaba por demostrarle mi conocimiento sobre su obra. Era fundamental para mí que entendiera mi pasión por su trabajo, así que le mencioné momentáneamente escenas de Bodas de sangre y Carmen. Para mi sorpresa, Gades me contrató de inmediato, y comenzamos a trabajar en la música que acompañaría su coreografía.

Mi tarea consistía en buscar las melodías adecuadas que resonaran con el guion elaborado por el escritor jerezano José Manuel Caballero Bonald. Las sesiones creativas eran intensas, con reuniones diarias de diez horas donde el intercambio de ideas fluía naturalmente. La emoción de trabajar junto a un maestro como Gades era indescriptible, y cada sugerencia que hacía era recibida con la misma seriedad con la que él trataba su arte.

Investigación y descubrimiento en Urueña

Un mes después de haber comenzado nuestro trabajo, decidí que necesitaba sumergirme más en el folklore para completar mi labor. Me trasladé a Urueña, donde el renombrado Joaquín Díaz tenía una de las bibliotecas más completas sobre este tema. Pasé una semana en esa pequeña localidad vallisoletana, rodeado de cancioneros y grabaciones que me ayudaron a encontrar las canciones que resonarían en el ballet. En Urueña, hallé la música perfecta para el lavadero, que se convertiría en una de las escenas más memorables de Fuenteovejuna.

Al regresar a Madrid, llevaba conmigo una colección de grabaciones que incluían jotas y otras melodías tradicionales. Este material se convirtió en la base de lo que Gades necesitaba para su creación. Estaba ansioso por compartir todo lo que había encontrado con él, ya que sentía que finalmente podía contribuir con lo que realmente requería la obra.

El proceso de creación en el estudio

El verano llegó y con él, la culminación del guion en la casa del doctor Barros, en Udra, lo que también marcó un momento significativo en nuestra colaboración. Antonio comenzó a reunir a su equipo de cantaores y bailaores, y se realizaron las audiciones para el cuerpo de baile. La selección de los bailarines y los números tradicionales que se integrarían en Fuenteovejuna fue un proceso enriquecedor, y yo tenía la responsabilidad de adaptarlos a las coreografías de Gades.

Sin embargo, a pesar de la cercanía y el trabajo conjunto, Gades nunca me ofreció palabras de reconocimiento. En cada sesión de trabajo, su enfoque era único y exigente, lo que lo convertía en un verdadero guerrillero de la cultura. Recuerdo un día en particular, en el que me trajo un violonchelo y me retó a tocarlo. A pesar de mis dudas sobre mis habilidades, me sentí impulsado por su confianza y comenzamos a grabar algunas escenas, aunque mis interpretaciones eran, en su mayoría, imperfectas.

La grabación y el estreno en Génova

El proceso de grabación fue todo un reto. En aquella época, carecíamos de las tecnologías modernas, así que cortábamos y pegábamos las cintas manualmente. Dos días antes del estreno, llegamos a Génova para realizar las pruebas de iluminación y sonido en el hermoso Teatro Carlo Felice. La primera vez que se ensayó la obra completa fue una experiencia electrizante, y el éxito del estreno fue más allá de nuestras expectativas.

Cuando finalmente cayó el telón, la emoción fue abrumadora. Aunque Antonio nunca expresó su gratitud de manera convencional, al acercarse a mí y decirme: “¡Lo conseguimos! Misión cumplida”, supe que había valido la pena cada instante de ese arduo viaje. La magia del ballet había cobrado vida, y juntos habíamos creado algo que resonaría en el corazón del público.

El legado de Antonio Gades continúa, no solo a través de su obra, sino también en todos los que tuvimos el privilegio de colaborar con él. Su dedicación, su búsqueda incansable de la perfección y su espíritu guerrillero son lecciones que perduran y que seguirán inspirando a futuras generaciones en el mundo de la danza y la música.

Faustino Núñez (Vigo 1961) es un reconocido musicólogo, con un master en musicología por la Universidad de Viena. A lo largo de su carrera, ha impartido cursos y seminarios alrededor del mundo. Como violonchelista y guitarrista, ha sido director musical de la Compañía Antonio Gades y presidente de su Fundación. Es autor de numerosos libros sobre flamenco, música española y clásica, además de haber sido director del sello Deutsche Grammophon. Actualmente reside en Vigo, donde continúa su labor docente y como conferenciante.