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Julio Ruiz, bailaor: el arte que incomoda y cuestiona la realidad

El flamenco es mucho más que una expresión artística; es un vehículo de emociones profundas y reflexiones sobre la vida, la identidad y las relaciones familiares. En este contexto, Julio Ruiz se erige como una voz singular que desafía las convenciones del arte flamenco. Su nuevo trabajo, La familia, se presenta como una exploración íntima y valiente de las dinámicas familiares, un viaje que promete conmover y hacer reflexionar al público.

Un viaje emocional a través de la danza

Julio Ruiz, nacido en Almería en 1993, se ha forjado un camino en el mundo del flamenco que combina la luz y la oscuridad, la comedia y la tragedia. Su obra más reciente, La familia, se estrenará en la Bienal de Flamenco de Madrid, un evento que marca un hito en su carrera. Este espectáculo es una amalgama de escritura, danza y performance, donde el flamenco se convierte en el hilo conductor de una narrativa profundamente personal.

La obra gira en torno a tres figuras fundamentales en la vida de Ruiz: su madre, su abuela y su tía. A través de ellas, el artista busca entender la complejidad de las relaciones familiares que ha vivido, reflexionando sobre lo que le une y lo que le separa de sus raíces. Este proceso creativo ha sido enriquecido por su reciente experiencia en el Centre National de la Danse de Paris, donde se convirtió en el primer artista flamenco en recibir su prestigiosa beca. Esta oportunidad ha influido en su visión artística y en la creación de La familia.

Explorando la dinámica familiar

En palabras de Ruiz, La familia es una especie de carta de amor a sus tres mujeres, donde expresa tanto lo que admira como lo que le ha dolido. “Mi intención era entender la dinámica de mi familia y, a la vez, dinamitarla para poder empezar de nuevo”, explica. Esta búsqueda de la identidad familiar se convierte en una constante en su obra, donde se cuestiona la naturaleza de lo que significa ser parte de una familia.

El nivel de exposición personal que Ruiz asume en su trabajo es notable. “Intento mostrarme lo más vulnerable posible porque es así como puedo conectar con el público”, menciona, enfatizando que el arte debe incomodar y provocar cuestionamientos. A través de su danza, plantea preguntas sobre las relaciones, la elección y la herencia cultural que nos define.

El papel de las mujeres en su obra

Tras haber explorado la masculinidad en su obra anterior, Tocar a un hombre, Ruiz se siente llamado a dar voz a las mujeres de su familia. “Ellas han marcado todo en esta familia”, afirma, destacando que su experiencia con estas figuras femeninas ha sido fundamental en su desarrollo personal y artístico. Esta obra busca equilibrar la representación de género, mostrando cómo las mujeres han influido en la identidad familiar y personal del artista.

La decisión de centrar la narrativa en las mujeres no solo es un acto de reconocimiento, sino también una exploración del poder que tienen en su vida. “El 50% de lo que somos es gracias a ellas”, afirma Ruiz, quien siente que, a pesar de sus propias percepciones, las visiones de amor y muerte que transmiten estas mujeres han dejado una huella indeleble en su forma de ver el mundo.

La escritura como herramienta creativa

Un aspecto distintivo de la obra de Ruiz es su enfoque en la escritura. “Parto de una herida muy concreta y eso me ayuda a ponerle palabra a lo que luego traduzco en movimiento”, explica. Este proceso le permite abordar temas complejos con una libertad que a veces no encuentra en la danza. Al escribir, se siente menos presionado y más libre para explorar sus ideas y emociones.

La escritura no solo sirve como un medio de expresión, sino que también le permite aclarar su visión antes de llevarla al escenario. Este enfoque ha sido clave en su proceso creativo, ayudándole a dar forma a La familia y a las dinámicas que desea explorar en su actuación.

Colaboraciones y el equipo creativo

La creación de La familia no sería lo mismo sin el apoyo de un equipo talentoso. Ruiz colabora estrechamente con Ernesto Artillo, quien aporta su dirección y dramaturgia a la obra. “Hacemos un equipo maravilloso, con visiones complementarias”, dice Ruiz, destacando la importancia de tener una perspectiva diversa en el proceso creativo. Esta colaboración es esencial para llevar a cabo su visión artística y social.

Además, cuenta con la participación de Macarena Regueiro, una actriz que aporta su talento al proceso. La inclusión de artistas de diferentes generaciones, como el joven guitarrista David de Ana, enriquece la obra y ofrece una diversidad de perspectivas en la creación.

El impacto del vestuario en la narrativa

El vestuario juega un papel crucial en La familia, diseñado por Ernesto Artillo y confeccionado por Carlota Caro. Aunque Ruiz prefiere no revelar mucho sobre los detalles, reconoce que la imagen y la presentación visual son aspectos que siempre ha considerado importantes en sus obras. “El vestuario es una apuesta bastante grande”, confiesa, insinuando que será una de las sorpresas que el público podrá disfrutar en el estreno.

Reflexiones sobre la polémica en el flamenco contemporáneo

La polémica en torno a las expresiones artísticas no es nueva. Recientemente, Manuel Liñán ha sido objeto de críticas por su forma de bailar con bata de cola, una situación que Ruiz considera problemática. “Lo que me afecta es que Manuel lo haya pasado mal”, señala, defendiendo la libertad de expresión en el arte. Para él, la incomodidad que puede generar una obra es parte esencial de su valor. “El arte debe incomodar, debe hacer que la gente se cuestione su realidad”, afirma con firmeza.

La experiencia en París y su influencia en la creación

La residencia en París ha sido un sueño hecho realidad para Ruiz. “Viví sin la precariedad de la danza, lo que me permitió crear desde un lugar de tranquilidad”, menciona. La experiencia de compartir espacio con otros 300 artistas de todo el mundo le ha proporcionado una nueva perspectiva sobre su trabajo y su proceso creativo.

La diferencia en el panorama cultural entre Francia y España también le ha impactado profundamente. “En París, los teatros están llenos incluso para artistas que no tienen gran renombre”, explica, señalando la importancia de la educación cultural y el apoyo institucional que reciben los artistas en Francia. Esto contrasta con la realidad en España, donde la asistencia a eventos culturales a menudo depende del renombre del artista y de los precios de las entradas.

La visión futura de Julio Ruiz en el flamenco

Julio Ruiz se define a sí mismo como un bailaor en el más amplio sentido de la palabra. “Soy un bailaor que escribe, y eso es lo que quiero ser”, dice con determinación. Su deseo es que en el concepto de bailaor quepa todo lo que él quiere crear, sin limitaciones ni etiquetas. Esta perspectiva lo posiciona como un innovador dentro del flamenco contemporáneo, dispuesto a explorar nuevos caminos y formas de expresión.

Próximos proyectos y el deseo de dejar un legado

Después del estreno en la Bienal, Ruiz tiene grandes planes para La familia. El proyecto incluye no solo el espectáculo en sí, sino también un documental cinematográfico titulado Diario cinematográfico y un libro de artista que compila sus escritos a lo largo de los años. “Escribo desde hace muchísimos años, y tener un documento impreso de todo esto me hace mucha ilusión”, comparte con entusiasmo.

Para Ruiz, el éxito no se mide por la fama o el reconocimiento inmediato, sino por la capacidad de mantenerse fiel a su visión y seguir creando. “Siento que estoy en un sitio que me hace muy feliz. Me mantengo y hago lo que me da la gana”, concluye con una sonrisa, reflejando su compromiso con el arte y su deseo de seguir explorando las complejidades de la vida a través de la danza.